Drones: una nueva pasión argentina

Erick-Badts
Foto principal: Erick De Badts en un campo cordobés, haciendo pruebas con uno de sus aviones no tripulados.
 
El agro, a pura innovación. Dos socios, un porteño y un belga, armaron en Buenos Aires una empresa que fabrica drones y presta servicio con ellos. Trabajan con productores líderes y con el INTA. El futuro ya está aquí.

El agro pondera cada vez más la importancia del conocimiento y la información para resolver problemas técnicos. La tecnología y la innovación también son otros dos matices característicos del campo argentino, mientras que la precisión agronómica es el desafío actual en la búsqueda de mayor eficiencia.

Los drones agrícolas ayudan a estas ideas centrales. Son una tecnología innovadora que aporta información en la búsqueda de mayor eficiencia técnica.
Y es muy interesante cuando los desarrollos de esta tecnología son locales y están adaptados, desde el primer momento, a las necesidades del productor argentino.

Así lo entienden Ramiro Saiz, Erik De Badts y Augusto Iturri, tres innovadores que forman la empresa Foto Aérea, la primera firma argentina diseñadora y fabricante de drones agrícolas, que también brinda servicios de procesamiento de datos y confección de mapas para el agro.

“Fundamentalmente, nosotros buscamos dar soluciones tecnológicas; por eso lo importante son los mapas. Al mismo tiempo, diseñamos un aparato que nos permita colocar las cámaras en al aire, cubriendo una necesidad puntual que tenga el productor de granos, frutal, forestal u hortícola”, coinciden los tres ante Clarín Rural, reunidos en su taller en Capital Federal.

En este sentido, reconocen que recién este año comenzó la demanda comercial concreta por el servicio de las fotos aéreas y la compra de drones, y también aseguran que están dentro de un mercado que es muy competitivo para una firma nacional chica, teniendo en cuenta la masiva llegada de productos importados y producidos a escala industrial.

Ramiro Saiz exhibe la “panza” de un hexacóptero (dron de seis hélices) que tiene anclada una cámara multiespectral.

De Badts es belga, cartógrafo y llegó a la Argentina en el 2008. Cuenta que llegó motivado y con el firme propósito de hacer fotos aéreas para la agricultura.

Sus primeros trabajos fallidos con cámaras específicas para el agro fueron montarlas en “zeppelins” o globos de helio. Y agrega, a modo de anécdota: “Esos globos de helio me ayudaron a sostenerme económicamente un buen tiempo, ya que vendí la idea al Gobierno de la Ciudad y terminaron siendo de uso político”.

Luego -continúa- consiguió un subsidio del Ministerio de Ciencia y Tecnología para desarrollar la primera versión de un avión, hecho con madera y adaptada para montar las cámaras multiespectrales o termales del momento.

“Era pesado y por esto estaba poco tiempo en el aire. No se cubrían grandes extensiones de tierra como las que hay en el campo argentino. Luego lo readapté para que ese avión de madera se ancle al fuselaje de un avión de verdad. Entonces, ya que en Argentina hay mucho aeroclubes, si pagaba el combustible podía tomar imágenes”, recuerda.

Sin embargo, toda esa experiencia y esos intentos tecnológicos se encausaron cuando, tiempo más tarde, conoció a Ramiro, que siendo técnico electrónico e ingeniero en informática, ya diseñada drones sencillos de forma independiente.

Algunos de los productos que desarrollaron los socios: un avión no tripulado y dos drones.

Ellos se acoplaron como equipo, dicen. Ramiro diseñando los aparatos y Erik haciendo los mapas. “En ese momento, se empezaba a hablar de los drones en el campo argentino, no había ingreso de estos aparatos importados y había una demanda real por el servicio de mapas agrícolas”, afirman.

El servicio de toma de imágenes con cámara específicas (multiespectrales o termales) y procesamiento de los datos fue su principal negocio hasta el año pasado. Mayormente -señalan- lo hacían para empresas que brindaban diversos servicios agronómicos. “Por el momento, son empresas de servicios las que buscan la información que proveen estas cámaras, ya que quieren agregar otra capa de información que complemente la obtenida con otras herramientas de precisión”, explica De Badts.

Pero la firma siguió planteándose desafíos y el año pasado, en una jornada en el INTA Manfredi (Córdoba), presentaron su primer prototipo, un hexacóptero (dron de seis hélices), para vender directamente a los productores interesados.

Así, “cambiamos la estrategia: ofrecemos el servicio de confección de mapas y también el producto. A ciertos clientes, por la lejanía de Capital Federal, les conviene tener un equipo en lugar de que nosotros nos traslademos a hacer las imágenes. Luego, si lo necesita, nosotros procesamos las imágenes y le devolvemos una prescripción”, explica Saiz.

El grupo se muestra sorprendido por el crecimiento de la demanda de la tecnología. “Hasta el año pasado hacíamos muchos trabajos a modo de prueba. Hoy, pasamos de eso a que nos quieran comprar equipos directamente, sin conocer exactamente de qué se trata la información que aportan las cámaras. Por eso, nosotros primero alentamos a que los productores conozcan el servicio y que luego compren el aparato”, señalan.

Cámara multiespectral. Tiene un sensor con el que se toman fotos infrarrojas (es una onda no perceptible por el ojo humano), que permiten hacer estimaciones sobre la sanidad del cultivo.

Actualmente, además de los trabajos que hacen para empresas de servicios agronómicos, las cuales van desde un monitoreo de plagas en papa, enfermedades en frutales, conteo de plantas en plantaciones forestales o mapas de índice verde para la producción de granos, participaron recientemente en un test de drones en ensayos de trigo en el INTA Paraná y le van a entregar un prototipo, exclusivo, de cuatro hélices, al INTA Tucumán, donde lo usarán para hacer mediciones de avance de la bacteriosis HBL, un virus extremadamente perjudicial para la producción citrícola.

Como firma de servicios y fabricante de tecnología aportan su visión sobre el futuro de esta tecnología y se adelantan para adaptarlo a sus procesos.

Cámara termal. Esta imagen es tomada con este tipo de dispositivo, que mide temperatura, permite estimar la biomasa existente en los lotes y hasta el contenido de agua de la planta.

“Otro aspecto que creemos que se viene tiene que ver con el procesamiento de la información. Estamos haciendo una actualización de los software, para que el procesamiento de la información se automatice y no sea un trabajo que demande tanto tiempo”, comenta Saiz. Y agrega, por otra parte, que están buscando estandarizar la información que surge de una zona, a partir de correlacionar todos los datos de ese sitio a través de las fotos con lo que realmente se muestrea a campo.

De esta forma, mantienen el contacto con sus clientes para intercambiar datos y así componer prescripciones zonales, a partir de los relevamientos puntuales que van haciendo los mismos productores.

Como buenos visionarios, estos profesionales ya están detectando lo que se vendrá y comparten su vaticinio sobre el futuro de esta tecnología y su uso: “Lo que vemos es que la adopción de drones se irá especializando cada vez más. Es decir, que cada tipo de productor tendrá su aparato ajustados a sus necesidades. Eso sucederá rápidamente, en los próximos dos años”, auguran. ¿Será?

FUENTE: http://www.clarin.com/rural/agricultura/drones-agricultura_0_1458454464.html

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Posted on noviembre 2, 2015 in Noticias

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